¿Estás cómodamente sentado?

Entonces voy a pedirte que, por favor, cierres los ojos y te tomes un par de minutos para calmarte.

Intenta sentir tu respiración.

Simplemente, observa como el aire entra a través de tu nariz al inspirar, el leve cosquilleo que sientes en el labio superior al expirar.

Percibe como el aire entra y sale de tu cuerpo, respira de este modo consciente durante esos dos minutos.

¿Lo tienes?

Muy bien, acabas de realizar una práctica de meditación.

 

Somos lo que hacemos cada día, de modo que la excelencia no es un acto, sino un hábito.

Aristóteles.

 

Meditar es una práctica sencilla, no requiere hacer nada especial, acabas de comprobarlo por ti mismo.

Para poder convertirla en un hábito, debes visualizarla como un regalo que te haces para mejorar tu vida.

Un espacio de calma que te concedes para tu propio bienestar.

No es algo que debas añadir a tu larga lista de tareas, para nada es un “tengo que”.

Al contrario.

Es algo sencillo que puedes incorporar a tu día a día y que mejorará sustancialmente tu vida.

Vale Mónica, ¿pero por qué meditar es tan importante?

Meditar cada día te permite estar más atento, conectado y consciente de tus sensaciones y tus reacciones.

Es la manera más directa y sencilla que existe para tener control sobre tu rendimiento y tu entrega.

Meditar no es luchar contigo mismo para poner la mente en blanco.

Ni realizar incómodas posturas, ni tener una actitud mística.

Es concederte un momento de calma, donde observes tus propios pensamientos como quien observa el ir y venir de los trenes en una estación.

Sin más; dejándoles ir, dejándoles llegar.

Sé que conoces los beneficios de la meditación, ya hemos hablado sobre lo mucho que te puede aportar esta práctica.

Por eso hoy voy a darte 8 consejos fundamentales que te ayudarán a convertirla en una forma de vida.

Meditar cada día puede ser tan sencillo como respirar, ¿recuerdas?

Cómo mejorar tu vida gracias a la meditación: 8 consejos para adquirir una rutina con solo 2 minutos diarios de práctica

 

1.- Adquiere un compromiso fácil de cumplir: meditar cada día durante 2 minutos es más que suficiente para empezar

Respira de forma consciente en un espacio tranquilo durante ese tiempo.

Dos minutos, solo dos minutos para ti después de toda la vorágine de tu día a día.

Te lo mereces, ¿no crees?

 

2.- Olvídate de posturas imposibles y de la necesidad de construir tu propio templo

Es muchísimo más sencillo que todo eso.

Simplemente deja preparada por la noche tu esterilla de yoga en un lugar tranquilo.

Cuando por la mañana lo veas todo preparado te será mucho más fácil sentarte y dedicarle ese par de minutos a la meditación.

 

3.- Recuerda, no se trata de no pensar

Simplemente se trata de observar tus pensamientos respirando de manera consciente.

Si te enganchas con alguno, no pasa nada, no te castigues.

Simplemente déjalo ir y vuelve a ponerte en el papel del observador, como si observases el ir y venir de los trenes en esa estación.

Procura realizar toda la práctica con una ligera sonrisa en la cara, además de mantener la relajación, la experiencia será aún más placentera, ya verás.

 

4.- Utiliza las tecnologías

Ponte una alarma en el móvil y nómbrala para que cuando suene veas en pantalla veas que es tu momento.

Es para ti, recuerda que ese momento contigo es un valioso regalo.

Para que no tengas que estar atento al tiempo, marca el inicio y final de la práctica con una música tranquila.

 

5.- Señala tus progresos en un panel de logros

Bastará con un calendario impreso en la pared donde vayas marcando los días y el tiempo que has logrado meditar.

Ver la evolución de tus logros materializada en algo físico te ayudará a querer seguir manteniéndolos.

Intenta concederte algún pequeño premio cuando hayas rellenado un periodo de tiempo.

Puedes regalarte una caja de ese delicioso té que estabas deseando probar después de completar una semana de práctica, por ejemplo 😉.

 

6.- Convierte la experiencia en algo placentero

Una vela perfumada, una esterilla cómoda, una música suave y un momento solo para ti.

¡Suena extraordinariamente bien!

 

7.- Incorpora la práctica en tu día a día

Cuando tengas un par de minutos libres, uno de esos momentos perdidos en los que inevitablemente miras el móvil.

Respira y observa qué ocurre en tu mente.

Todo seguirá ahí cuando estés de vuelta, pero tú tendrás la sensación de estar regresando de un largo y enriquecedor viaje.

 

8.- Sé flexible y compasivo contigo

No te frustres si pierdes la concentración o si por alguna razón no consigues meditar ni unos segundos, mañana volverás a intentarlo.

Te has hecho el regalo de dedicar dos minutos a tu bienestar, así que siéntete agradecido por ello y sigue practicando.

Verás como enseguida empiezas a notar los beneficios.

 

Meditar cada día puede ser una práctica muy poderosa, aunque si aprendes a combinarla con otras técnicas puede convertirse en un verdadero súper poder.

Aunque de eso te hablaré en el artículo de la próxima semana :).

Un abrazo enorme,

Mónica.