¿Cómo normalizar la caída e integrarla en el proceso de aprendizaje para seguir mejorando?
«Responder a los reveses nos define como personas»
Jon Rahm
No importa cómo es la caída.
Solo importa levantarse porque solo así podrás coger impulso para seguir ascendiendo.
Caerse es algo común y necesario. Caerse en el sentido literal, metafórico, o en ambos 😉
Tras la caída. De poco sirve conjugar el hubiera o hubiese. Aquello que quizá esperabas, deseabas, merecías o necesitabas y que, sin embargo, no ha ocurrido.
Como deportista debes aprender pese a todo: también pese a las caídas, o más bien, gracias a ellas, si lo que quieres es superarte, crecer y evolucionar.
Normalizar las caídas, los reveses, e integrarlos en el proceso de aprendizaje para seguir mejorando, es clave.
Porque una caída puede ser un trampolín que acentúe tu mejora si sabes extraer el aprendizaje de ello.
Sin embargo, aprender no es algo que se produzca por defecto. No todo el mundo aprende de los errores, de los fallos o de la experiencia. Por eso, es tan importante aprender a aprender.
Porque sin aprendizaje, no hay mejora, crecimiento y tampoco evolución.
Como deportista no puedes, ni debes, reducir tus resultados a ganar o perder. O a conquistar títulos o no.
Sino más bien, a descubrir una fórmula infalible que te permita mantener la continuidad en tus resultados y una proyección de mejora en el tiempo de manera sostenible.
Porque, como en cualquier profesión, lo difícil no es llegar hasta lo más alto, que también, sino mantenerse.
Y para ello, tienes que cambiar el chip y buscar la excelencia deportiva, la mejora constante, en lugar de la perfección.
Entender que cualquier resultado, ya sea el que esperabas u otro bien distinto, aporta.
Porque cuando empiezas a nutrirte de la mejora constante ésta nos lleva a anticipar otra cuestión sine qua non: ¿dónde se encuentra tu límite? ¿En qué momento dejarás de aumentar tu potencial y rendimiento?
Una posible respuesta podría fundamentarse en que “todo profesional irá creciendo hasta alcanzar su máximo nivel de incompetencia o no competencia”, también llamado Principio de Peter por ser el pedagogo Laurence J. Peter su ideólogo.
O dicho de otra manera mucho más simple: la nata sube hasta cortarse.
Lo cual sucede:
- Cuando se pierde la perspectiva de que los resultados son siempre mejorables. Incluso hasta cuando se gana.
- Cuando se considera que no se pueden seguir mejorando los recursos individuales.
Por ello, para seguir mejorando debe existir, por tanto, un equilibrio entre los diferentes recursos individuales, físicos, técnicos, tácticos y mentales sin los cuales el éxito no sería una consecución permanente, sino un resultado esporádico.
Hablamos de ser el mejor durante ‘toda la historia’ o buena parte de ella y no en un momento determinado.
La caída, en definitiva, no tiene capacidad de bloquear un proceso de mejora continua. Al contrario: puede acelerarlo o motivarlo aún más.
Te leo abajo.
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