Hoy hablamos sobre mentalidad aplicada al tenis. ¡Toma nota!

¿Alguna vez has visto la final de Roland Garros que se disputaron en 1984 John McEnroe e Ivan Lendl?

Aunque han pasado casi 40 años, McEnroe aún se muestra nervioso cuando se le pregunta por aquel partido.

Sabe que habría podido ganar, de hecho, perdió solo por un par de juegos.

Fue un partido épico y absolutamente bestial.

Fue un duelo de titanes completamente opuestos en carácter y esa enorme diferencia entre ellos fue lo que hizo que saltaran las chispas.

“El tenis utiliza el lenguaje de la vida: ventaja, servicio, falla, ruptura, amor…cada juego es una vida en miniatura de la que no puedes perderte nada.”

André Agassi.

 

McEnroe estaba en el mejor momento de su carrera deportiva, no había perdido ni un solo partido ese año, de hecho apenas había perdido ningún set.

Hasta que tuvo que enfrentarse a la poderosa mentalidad de Iván Lendl.

Fue su temperamento de fuego lo que le hizo perder el foco, no estaba preparado para enfrentarse a alguien que tenía los objetivos tan claros.

Y fue la preparación mental de Lendl lo que le mantuvo concentrado y enfocado en cada bola.

Minuto a minuto, punto tras punto.

La paciente y constante perseverancia del agua contra la descontrolada fuerza de un ciclón, ¿recuerdas?

 

La fuerza del ciclón McEnroe contra la mentalidad de hierro de Iván Lendl, lo que podemos aprender de los grandes deportistas

 

En 1984, el rey todopoderoso del tenis era John McEnroe.

Durante ese año se dedicó a despedazar en la pista a todos y cada uno de sus rivales.

Sin piedad.

Ni uno de ellos le plantó cara, todos se iban haciendo pequeños al ver su carácter y su juego agresivo.

Todos acababan rindiéndose a su indiscutible fuerza.

Todos hasta que Iván el terrible Lendl se puso del otro lado de la pista.

Lendl no estaba dispuesto a dejarse amilanar por el brutal temperamento de McEnroe.

De hecho, no estaba dispuesto a dejarse impresionar por nada.

Ni público, ni prensa, ni todas las previsiones que había en su contra.

Tenía claro su objetivo, había trabajado a fondo su mentalidad para conseguirlo y se sentía absolutamente preparado para ir a por todas.

Su única idea era entregarse al máximo en el partido, sin pensar en nada más.

Hasta el último juego.

El día que la mentalidad de Lendl hizo mortal a McEnroe. Cuando la fuerza del agua moldea la roca.

 

McEnroe no estaba acostumbrado a enfrentarse con un rival tan fuerte mentalmente, por eso se sintió tan desconcertado.

Al principio jugó como siempre, agresivo, directo, sin piedad.

Intentando acorralar a Lendl en cada juego.

Pero la presión pudo con él y a comienzo del tercer set la tensión y su temperamento le jugaron una mala pasada.

Se enzarzó en una larguísima pelea con el árbitro, y el público comenzó a abuchearlo y a levantarse de los asientos indignados por la incapacidad del tenista para centrarse en el juego.

El caso es que McEnroe era un excelente tenista, uno de los mejores del mundo, pero tenía graves problemas para controlar sus emociones.

Quizás en aquella discusión con el árbitro ya se sentía mentalmente tocado por la fuerza y el impresionante control mental de Lendl.

Cuando volvió al terreno de juego la grieta en la mentalidad de McEnroe ya estaba abierta y Lendl aprovechó para meterse de lleno por ella.

En ese momento el americano estaba completamente fuera de control y de foco, había perdido la mentalidad ganadora.

No había nada que hacer.

Consiguió ponerse 4-2 en el cuarto set, pero el saque no le funcionó e Iván remontó y se adjudicó la manga por 7-5.

Poco a poco se fue haciendo con el control del juego.

A pesar de tener oportunidades para remontar, McEnroe no fue capaz de aprovecharlas.

El encuentro fue volviéndose cada vez más dramático.

 

Lendl había empezado a desplegar su mejor versión y McEnroe estaba jugando su peor partido de la temporada.

De hecho, después de ese partido, John volvió a hacerse grande y cerró una temporada histórica con 82-3.

Si hubiera tenido una mente bien entrenada, McEnroe habría sido inmune a la presión.

Pero la fortaleza mental de Lendel terminó doblegándole.

Durante mucho tiempo los medios resaltaron la enorme frialdad y autocontrol que desplegó el tenista checo durante el partido.

Fue su mentalidad y no su fuerza física la que finalmente le llevó a proclamarse campeón.

Así que toma buena nota y empieza desde ya sacarle el máximo partido a tu talento. 

No encontrarás un rival a la altura del infinito poder de tu mente.

¿Vamos a ello?

 

Mónica.