Esta pequeña lista de películas pone el foco en la mentalidad como motor de cambio.
«El verdadero perdedor es aquel que tiene tanto miedo a no ganar que ni siquiera lo intenta»
Little Miss Sunshine
Son historias que hablan de fortaleza mental, un pequeño compendio de reflexiones y lecciones con un denominador común: la mentalidad como motor de cambio, entre otros grandes valores.
Estas Navidades tienes la posibilidad de disfrutar de una tarde de cine en la que combinar descanso, digestión y entretenimiento. Si fundirse con el sofá y una buena historia se postulan como el mejor plan del mundo.
¡Dale al play!
- Rocky Balboa
Es verdad que, de entrada, no parece la mejor película para visionar en estas fechas. Pero detrás de los golpes propinados por y para un Stallone en plena madurez, lo que queda es una cinta que tira de nostalgia, sí, pero también de capacidad de lucha y superación, encarnados por un Rocky que no está dispuesto a tirar, nunca mejor dicho, la toalla. Lo que aprendemos: más allá de los límites aparentes o dificultades (edad, estado físico…), la experiencia y, sobre todo, la mentalidad, pueden lograr grandes cosas. Si te quedas con ganas de más, tienes toda la saga, aunque brilla de forma especial Rocky (1977), la primera cinta de temática deportiva en ganar el Oscar a Mejor Película.
- Seabiscuit
A lomos de un caballo único, Seabiscuit, nos embarcamos en esta historia que nos traslado a los años siguientes al crac del 29. La gran promesa estadounidense (es decir, la idea de que cualquier éxito está al alcance si trabajas por obtenerlo) está en horas más que bajas. En ese contexto de desilusión y falta de esperanza (y ahorros) se conocen Johnny Red, un jinete frustrado; Charles Howard, un millonario que ha perdido toda su fortuna, y Tom Smith, un vaquero desencantado. En el centro, Seabiscuit, un caballo delgaducho, de apariencia débil y poco prometedor. Contra todo pronóstico, acabará siendo el corcel más inalcanzable de las carreras y en un símbolo de esperanza para muchos durante la Gran Depresión.
- El Guerrero Pacífico
Cuando perfecto no es mejor. El Guerrero Pacífico es una película estrenada en el año 2006 que es puro aprendizaje de la mano de un chico que parece haberlo conquistado todo nada más empezar el metraje. Y recalco, parece. A simple vista, tiene una vida de éxito: le va bien en la Universidad, le va bien con las chicas, saca buenas notas, etc. Es, también, un prometedor gimnasta, que aspira a conquistar unos Juegos Olímpicos. Sin embargo, todo eso cambia tras un accidente en moto, que superará de la mano de un viejo extraño, interpretado por Nick Nolte, al que llama Sócrates. Este singular mecánico le enseñará a vivir como un guerrero pacífico y todo lo que eso significa.
- La Leyenda de Bagger Vance
Sin duda, una de mis favoritas. La leyenda de Bagger Vance es para mí lo que Pretty Woman para el resto del mundo. Es decir: la veo siempre que puedo y siempre que la echan por la tele, dejo de hacer de zapping. Rannulph Junuh (Matt Damon) es una joven promesa del golf que siente que ha perdido su swing. Ha dejado de creer en sí mismo y en el talento que una vez demostró tener. Bagger Vance (Will Smith) es el caddy, el guía que le acompaña en el juego. Lo que Bagger Vance enseñará a Junuh -y al espectador- es que no hay nada más importante que conectar con nuestra propia esencia, con aquello que nos hace únicos, para poder alcanzar los mejores resultados.
- Cómo entrenar a tu dragón
Un extra apto para el público infantil y que hará las delicias de los mayores. Cómo entrenar a tu dragón es una espectacular cinta ambientada en el mundo vikingo y donde la presencia de dragones salvajes es tan común como en Juego de Tronos. Basada en el libro infantil de Cressida Cowell, lo que tenemos delante es una genial comedia de acción que nos permite acompañar al joven vikingo Hipo en un viaje sobre la amistad y la ruptura con las convenciones. A pesar de que su familia y tribu esperan que se convierta en cazador (aunque no confían demasiado), Hipo prefiere no matar a su presa y sí hacerse su amigo.
Recuerda mi querido Imparable, las situaciones difíciles son siempre oportunidades de hacernos más grandes.
Te leo abajo.
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