Descubre cómo actuar ante una explosión de emociones
«La persona inteligente emocionalmente tiene habilidades en cuatro áreas: identificar, usar, entender y regular emociones»
John Mayer
Cuando un deportista compite, llega a unos límites a los que solo no llegaría. Se coloca en situaciones extremas, de alto voltaje a nivel emocional y físico, que hay que saber gestionar. Hay una parte importante de talento y de habilidad física, pero por encima de todo está la parte emocional.
No es teoría, es ciencia.
Antonio Damasio, gran neurocientífico, demostró que si se seccionan las vías que van de la amígdala (emociones) al córtex (razón), aunque la persona mantenga la inteligencia lógica intacta, sus decisiones suelen ser erróneas.
Nuestro cerebro necesita al corazón para pensar.
Las emociones son imprescindibles para tomar decisiones, planificar, reflexionar y cumplen una función clave para activar al organismo y para relacionarnos con los demás. Ser humano significa sentirlas. Una obviedad que a veces olvidamos, ¿verdad?
Hoy (te) me pregunto ¿por qué a estas alturas de la vida, seguimos evaluando la inteligencia (solo) en parámetros que se alejan totalmente de lo emocional?
Según Daniel Goleman, la inteligencia emocional es la capacidad que tiene una persona para reconocer sus propias emociones y las de los demás, distinguir los sentimientos e identificarlos apropiadamente, utilizando información emocional para guiar el pensamiento y la conducta, y administrar o ajustar las emociones para adaptarse al contexto o conseguir objetivos.
Cuando competimos, nos ponemos a merced de las emociones. No hay terreno mejor abonado para ello. Las hay de todo tipo, pero quizá entre las más recurrentes estén el miedo, la alegría, la tristeza, el enfado, la culpa, la ira, la impotencia, la calma o la envidia. Es facilísimo que hagan acto de presencia, porque la competición te hace llegar a unos límites a los que tú solo no llegarías. Y en ese contexto, no te irá mejor por correr más, ser más fuerte o saltar más lejos.
La habilidad física es importante, pero por encima de todo está la parte emocional.
Por eso es tan importante identificar las emociones, etiquetarlas correctamente y saber darles el lugar adecuado. Cuando eso no sucede, las emociones toman el mando y no hay nada más imprevisible que una emoción con el control absoluto de nuestros actos.
El partido de las emociones
Cuando compites, es preciso reconocer y tomar conciencia de ello. En caso contrario, puedes dejarte llevar por la frustración, el miedo o la ira tras el fallo. La inteligencia emocional te permite separar esas emociones, para que no se incrusten en su juego físico. Lo he dicho muchas veces, lo sé, y más veces lo diré: el cuerpo hace lo que la mente dice. Y si está nublada, confundida o perdida, no saldrá nada bueno de ella. No hay ningún deportista que no sepa que si juega nervioso o alterado emocionalmente no rendirá al 100%.
La mejor manera de enfrentar el juego de las emociones es hacerlo desde la inteligencia emocional y, por supuesto, el conocimiento de cómo se generan las emociones en nuestro cerebro. La doctora Marian Rojas Estapé dice bien cuando señala al cortisol como esa hormona que se activa en los momentos de alerta, de amenaza, de preocupación. Y su némesis, la oxitocina, la hormona que se encarga de rebajar el cortisol. De pararle los pies.
Te cuento esto porque en el campo de juego, en lo más duro del entrenamiento o la competición, hay un momento en el que el cortisol puede se dispara. Será entonces cuando debas identificar lo que sucede para no dejarte llevar por esas emociones y formular el antídoto.
Anclarse a una rutina o patrón que le lleve de nuevo a la calma, al control mediante acciones que te ayuden a generar oxitocina.
¿Ejemplos? Una secuencia de palabras, una canción, un recuerdo, una respiración… En definitiva, una secuencia de pasos que te devuelvan el poder. Si te interesa cultivar estos anclajes, en este podcast encontrarás una guía con tres consejos imprescindibles para entrenar tu motivación y una meditación guiada para ayudarte a volver siempre que lo necesites al momento presente.
Te leo aquí abajo mi querido Imparable.
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